Windsurf en Potrerillos: Agua, viento y un desafío

El windsurf es practicado por 40 mendocinos en el dique Potrerillos. Si se cumplen las condiciones requeridas por la IWA (Asociación Internacional de Windsurf) Mendoza será sede del campeonato Mundial.
Originado por la combinación del surf y la vela, el windsurf consiste en desplazarse por el agua sobre una tabla con una vela impulsada por el viento.
El windsurf está constituido por dos partes principales: la tabla y el aparejo. La tabla, a su vez, está formada por los footstraps (cintas para poner los pies), pie de mástil, la quilla y la orza (quilla grande que va al centro de la tabla, sólo en tablas grandes).
El aparejo está formado por la vela, que puede ser de mylar o monofilm (material transparente), el mástil y la botavara, que es una vara horizontal donde el windsurfer sostiene el aparejo.
Su historia es muy reciente en comparación a otros deportes. Sus orígenes están inscriptos en California, Estados Unidos, en el garaje de dos amigos: Jim Drake, navegante, y Hoyle Schweitzer, surfista.
En 1968, estos amigos combinaron las disciplinas que les apasionaban, vela y surf, en un deporte híbrido que patentaron con el nombre de windsurf. Hacia 1970 el invento ya se producía masivamente. Los europeos, amantes de los deportes individuales, convirtieron al windsurf en uno de sus favoritos. Esto impulsó el desarrollo de nuevos y mejores equipos. En los ’80 el deporte continuó desarrollándose hasta ser elevado a la categoría de deporte olímpico en las Olimpíadas de Los Ángeles ’84. Desde entonces el equipo ha evolucionado permitiendo a los practicantes de esta actividad alcanzar mayores velocidades de navegación y realizar piruetas y saltos.
En Argentina y en nuestra provincia la primera tabla entró en el año 1982. Fue de la mano de un francés que del Mediterráneo vino a parar a aguas locales.
El windsurf requiere mucha paciencia y práctica. Se recomienda tomar clases en escuelas o con un instructor, ya que solo se torna difícil. La Asociación Mendocina de Windsurf actualmente cuenta con una escuela en Potrerillos a la que se puede asistir.
El riesgo de la disciplina está ligado tanto al grado de preparación y conocimiento del practicante como a las condiciones meteorológicas. El estado físico ayuda muchísimo en la práctica. Y debido a que es un deporte que requiere de equipo especializado y caro, al inicio puede ser recomendable alquilar o usar uno prestado para saber si realmente gusta.
El aprendizaje del windsurf se realiza en una tabla grande por lo general en playas, aquí en Mendoza se utilizan espeplat de agua como el dique Potrerillos en la actualidad y el embalse El Carrizal, donde el viento tiene una velocidad de hasta 10 nudos. Con seis clases ya es posible avanzar sin la ayuda de nadie. El pasar de una tabla grande a una más pequeña practicando puede llevar unos 4 meses.
Para navegar cómodamente en una tabla chica hay que ir a lugares con mucho viento, y practicar en ellos las vueltas a favor del viento (jibes) y hacer que el viento levante la vela, en vez de pararse sobre la tabla y levantar la vela (waterstart), ya que esta maniobra en una tabla chica es muy difícil.
Dominando estas técnicas básicas, y teniendo bastante tiempo de práctica en el cuerpo, se intenta correr.
El aparejo está formado por la vela, que puede ser de mylar o monofilm (material transparente), el mástil y la botavara, que es una vara horizontal donde el windsurfer sostiene el aparejo.
Su historia es muy reciente en comparación a otros deportes. Sus orígenes están inscriptos en California, Estados Unidos, en el garaje de dos amigos: Jim Drake, navegante, y Hoyle Schweitzer, surfista.
En 1968, estos amigos combinaron las disciplinas que les apasionaban, vela y surf, en un deporte híbrido que patentaron con el nombre de windsurf. Hacia 1970 el invento ya se producía masivamente. Los europeos, amantes de los deportes individuales, convirtieron al windsurf en uno de sus favoritos. Esto impulsó el desarrollo de nuevos y mejores equipos. En los ’80 el deporte continuó desarrollándose hasta ser elevado a la categoría de deporte olímpico en las Olimpíadas de Los Ángeles ’84. Desde entonces el equipo ha evolucionado permitiendo a los practicantes de esta actividad alcanzar mayores velocidades de navegación y realizar piruetas y saltos.
En Argentina y en nuestra provincia la primera tabla entró en el año 1982. Fue de la mano de un francés que del Mediterráneo vino a parar a aguas locales.
El windsurf requiere mucha paciencia y práctica. Se recomienda tomar clases en escuelas o con un instructor, ya que solo se torna difícil. La Asociación Mendocina de Windsurf actualmente cuenta con una escuela en Potrerillos a la que se puede asistir.
El riesgo de la disciplina está ligado tanto al grado de preparación y conocimiento del practicante como a las condiciones meteorológicas. El estado físico ayuda muchísimo en la práctica. Y debido a que es un deporte que requiere de equipo especializado y caro, al inicio puede ser recomendable alquilar o usar uno prestado para saber si realmente gusta.
El aprendizaje del windsurf se realiza en una tabla grande por lo general en playas, aquí en Mendoza se utilizan espeplat de agua como el dique Potrerillos en la actualidad y el embalse El Carrizal, donde el viento tiene una velocidad de hasta 10 nudos. Con seis clases ya es posible avanzar sin la ayuda de nadie. El pasar de una tabla grande a una más pequeña practicando puede llevar unos 4 meses.
Para navegar cómodamente en una tabla chica hay que ir a lugares con mucho viento, y practicar en ellos las vueltas a favor del viento (jibes) y hacer que el viento levante la vela, en vez de pararse sobre la tabla y levantar la vela (waterstart), ya que esta maniobra en una tabla chica es muy difícil.
Dominando estas técnicas básicas, y teniendo bastante tiempo de práctica en el cuerpo, se intenta correr.
Fuente: Diario Uno Mendoza
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