Los hombres pasan, los lugares quedan

Historia de Potrerillos

La historia de la construcción del dique Potrerillos no fue sencilla. Duró largos años e intervinieron gobiernos, decretos, leyes, presupuestos, medios de comunicación mendocinos. A lo largo de su desarrollo tuvo bastantes pormenores que hoy pasan desapercibidos y son olvidados cuando se aprecian la belleza y los paisajes de este espejo de aguas celestes.

“Los hombres pasan, los lugares quedan”, podría afirmarse porque así fue para el dique Potrerillos como para otros sitios de este hermoso país donde las obras realizadas por la mano del hombre (con todo lo bueno y malo que ello implica) se convierten en lugares para disfrutar del turismo tiempo más tarde.

El dique Potrerillos cumple diversas funciones, algunas vitales para la vida del hombre en esta región (es una de las reservas de agua más importante que tiene la provincia) y otras fundamentales para el desarrollo de los individuos que conforman una sociedad: el turismo y la recreación.

Villa Potrerillos goza hoy de este privilegio: recibe temporada tras temporada a miles de visitantes que llegan no sólo desde Mendoza y de otras provincias cuyanas, sino también de otros puntos del país atraídos por sus paisajes extraordinarios y por las bondades de su clima.

Hoy es el turismo quien escribe la historia para hacer de este lugar un sitio paradisíaco donde todo está por hacerse y donde cada inversión en alojamiento y en servicios muy pronto cosechará seguidores.

El hombre, con su ingenio y su esfuerzo, ha construido un verdadero paraíso en esta localidad mendocina. De él también depende hacerlo crecer con criterio, armonía y respetando la naturaleza de toda esta región tan cercana a la Cordillera de los Andes.

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